Cuando el odio se disfraza: Eufemismos y Dog Whistles

A menudo, las cosas no son como las vemos a simple vista. Las supuestas buenas intenciones de algunas personas en ocasiones ocultan perversos intereses. A veces los mensajes de amor, aceptación y comprensión no son tales. A veces las “preguntas honestas” esconden un intento por colocar en la mesa de debate un tema desde un punto de vista de odio.

Los grupos racistas, LGBTfóbicos, transfóbicos y misóginos han encontrado formas de ocultarse en el debate público con una postura antiderechos que no levante las alarmas, y que es difícil de señalar al público en general, que al no tener la información completa, no ve el odio oculto tras ciertas frases o mensajes.

Esta es una estrategia bien documentada en ámbitos políticos como el estadounidense, donde una serie de mensajes racistas son enviados por candidatos de ultra derecha de manera codificada, para que aquellas personas racistas los entiendan y sepan que les están hablando, mientras que el resto del público no lo entiende. Se les conoce como “Dog Whistles”, o “Silbatos de Perro”.

El Expresidente Donald Trump es famoso por aprovechar los “Dog Whistles” como una de sus múltiples artimañas para captar votos en Estados Unidos. Durante la campaña de 2016 acusó a su contrincante, Hillary Clinton, de reunirse con “Bancos internacionales” para conspirar y destruir la soberanía estadounidense. Para muchos, el mensaje significa exactamente lo que Trump dijo, una acusación medio general y sin pruebas. Pero para un grupo específico, los antisemitas, la frase “Bancos Internacionales” hace referencia a una conspiración racista que involucra a las personas judías. El truco está en que es difícil (por no decir imposible) señalar la acusación de Trump como racista, porque en términos estrictos, no lo es. Es lenguaje codificado.

Según la definición que encuentres, el término “Dog Whistle” puede estirarse tanto como para incluir eufemismos y doble sentido, además que cuando un término “codificado” se vuelve lo suficientemente conocido pierde parte de su poder y estrictamente deja de ser un “Dog Whistle”, lo que no significa que se deje de usar.

En este artículo no pretendo definir ni enlistar todas las frases que pueden considerarse “Dog Whistle” y eufemismos LGBTfóbicos, porque además de ser muchas, la línea a veces es confusa y depende del contexto. Sin embargo, sí me gustaría que sirva como punto de partida para que tengamos los ojos más abiertos ante el discurso que pretende atacarnos impunemente.

Legislar a favor de la vida", propuesta de Jaime Cedillo Bolívar
Candidato a Diputado de Jalisco del Partido Acción Nacional, Jaime Cedillo Bolívar, promovía la “defensa de la familia” como promesa de campaña. Foto: PAN

Eufemismos y “Silbatos” Homofóbicos

En México tenemos múltiples ejemplos de esta práctica. ¿Te suena la frase “valores familiares”? ¿“Defender a la familia”? ¿De quién la van a defender? ¿Qué valores son esos? Estas frases que a primera vista suenan bonitas y como adorno, ocultan detrás una intención: poner en la mira a las personas LGBT+.

Lo vemos en todos lados, un gobernante asegura que va a “defender a la familia”, pero pocas veces dice cómo o de qué la va a defender. Para entenderlo, tienes que voltear a ver a otras personas que usan el mismo lenguaje: los grupos anti derechos, que se llaman a sí mismos “Pro Familia” y “Pro Vida”.

¿Qué defienden dichos grupos? ¡Defienden la Familia Natural! (Es decir: la conformada por hombre y mujer). ¿Quién podría estar en contra de la familia? Exacto, nadie. Pero en su discurso encontrarás las respuestas: “dios creó a Adán y Eva, no Adán y Esteban”, “el matrimonio debe ser entre un hombre y una mujer, si los gays se quieren casar que le digan de otra forma”.

Sin embargo, estos grupos pocas veces (o nunca) se refieren a otros tipos de familias. Según sus definiciones, todas las familias que en su núcleo no tengan a un hombre y una mujer no son familias, como las madres solteras, o aquellas donde cohabitan distintas generaciones de mujeres solteras.

Entonces, cuando un político dice que va a gobernar “con perspectiva de familia” en términos literales no está diciendo nada. Pero para los grupos “pro familia” (anti LGBT), les está diciendo que va a defender sus intereses.

¿Han notado como los pastores, curas y líderes de grupos anti derechos suelen usar el término “homosexualismo”? ¡Nadie más lo usa! Sin embargo, para una persona común esta palabra puede ser fácilmente confundida con “homosexualidad”, el término correcto. “Homosexualismo” vendría a ser una forma de decir que la homosexualidad es una doctrina o un trastorno (usando el sufijo -ismo como en “Catolicismo” o en “Gigantismo”, respectivamente). Lo mismo sucede con la palabra “Transexualismo”.

Nadie usa “heterosexualismo” para referirse a la heterosexualidad, e incluso hay quienes defienden que no se use ninguna palabra para definir esta orientación sexual, pues aseguran que es “la normal”, “la estándar”.

También están aquellas frases que buscan ocultar los “ECOSIG” o Esfuerzos para Cambiar la Orientación Sexual o Identidad de Género de las personas LGBT+. El término “Terapia de Conversión” es un eufemismo, porque ni son terapias ni convierten nada. Entre las frases usadas aquí están el llamar a la homosexualidad “una confusión” o “un estilo de vida” y que este se “puede cambiar”.

Nadie se atrevería a decir que está mal ir con un profesional de la salud mental a “recibir orientación para encontrarte a ti mismo”, pero cuando se usa esa frase se está hablando de un ECOSIG.

En esta época que en México se impulsan leyes en varios estados para prohibir los ECOSIG vemos declaraciones de grupos religiosos anti derechos que durante años han impartido estas pseudoterapias decir que se les persigue por impartir “orientación emocional”, y que se quieren “prohibir sus creencias”. Eufemismos para decir que les van a prohibir lucrar con nuestro sufrimiento. Que les crea quien no les conoce…

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Mujeres trans protestan contra transfeminicidios en Marcha Feminista de Chihuahua, 2020 – Foto: PROTRANS

Críticas de Género = TERFs

Los “Dog Whistles” son peligrosos porque facilitan que se esparzan mensajes de odio disfrazados de frases con buenas intenciones, o dudas razonables. Actualmente en México podemos encontrar su uso constante en grupos de odio como las autodenominadas “Críticas de género”, también conocidas como TERF, acrónimo en inglés que se traduce como “Feminista Radical Transexcluyente”.

Su batalla contra las personas trans, más especialmente contra las mujeres trans, es nombrada de muchas formas, que para el espectador común son “normales”. Por ejemplo, suelen referirse a las mujeres trans como “los trans”, o “transfemeninos”, términos despectivos que pueden pasar por alto en una entrevista y hasta se pueden rodear de palabras de apoyo a esta comunidad, pero marcando siempre una diferencia clara.

Una persona diciendo que “las mujeres tienen vagina” está enunciando una obviedad para el grueso de la población. Sin embargo, para las personas trans esa frase activa de inmediato una alerta roja, pues sabe que detrás muy seguramente se oculta un discurso transfóbico.

Pasa algo similar a lo que pasa con el término de “la familia”, así en singular. Al no nombrar que también hay mujeres sin vagina, o que hay personas con vagina que no se consideran mujeres, lo que están haciendo es ocultar la existencia de las personas trans.

Si una mujer dice en público que hay un esfuerzo sistemático para “borrar a las mujeres” la frase puede ser alarmante, pero quizá alguien que no esté metido en la discusión no conectaría los puntos para saber que está oyendo un discurso transfóbico.

Otra frase muy usada por este grupo es el famoso “ser mujer no es un sentimiento”, o la famosa pregunta “¿Qué es ser mujer?” que solamente sueltan pero nunca contestan, o cuando lo hacen, reducen a las mujeres a su vulva o a su útero.

Sin embargo, si una mujer trans trata de denunciar este discurso al público general seguramente será tachada de exagerada y conspiranoica. Se le dirá que se está inventando enemigos y que lo que quiere es “callar a quienes no piensan igual” (por cierto, otro “Dog Whistle”).

Identificarlos y combatirlos

Esta clase de expresiones nunca vienen solas. El contexto siempre ayuda a identificar si lo que estamos oyendo es un “Dog Whistle” o una frase común. Ante una frase sospechosa siempre debemos preguntarnos ¿Quién lo dijo? ¿Porqué lo dijo? ¿Esto que dijo podría tener un doble sentido o estarle hablando a alguien más? ¿Le conviene a alguien que esto se diga de cierta forma?

También suele ayudar entender otros elementos del discurso, como cuando se trata de imponer una dicotomía entre “ellos y nosotros”, como cuando se habla de “las mujeres y las personas trans” o “los normales y los LGBT”.

Identificar exageraciones y falacias argumentativas es muy útil también para entender si se trata de un discurso discriminativo, aunque ese seguramente será tema de otro artículo más específico.

¿Y cómo lo combatimos? En primera, si alguien está usando eufemismos LGBTfóbicos lo principal es usar los términos correctos y no reproducir sus palabras sin el contexto suficiente. Si alguien dice “homosexualismo”, hablar de homosexualidad. Si se habla de “la familia natural”, hablar de “las familias”.

Otra que es más difícil, pero puede ser útil, es exhibir que lo que están diciendo es un “Dog Whistle” (puedes poner un link a este artículo, si quieres – guiño guiño -). Cuando se “decodifica” el mensaje este pierde su fuerza. Si se hace bien, se puede exhibir a las personas odiantes como tales, en lugar de su disfraz de buenas intenciones.

Los “Dog Whistles” están específicamente diseñados para saltarse cualquier regulación al discurso de odio, y por lo tanto es una táctica común entre troles de internet para evitar que sus cuentas sean desactivadas. ¿Deberían prohibirse? Quizá no soy la persona más adecuada para dar una respuesta, pero seguramente no, por eso es importante exhibirlo ante el público. Y siempre será buena idea compartir contenido relevante e informativo de páginas LGBT+, activistas o artistas que se dediquen a promover la lucha por los Derechos Humanos. A veces el odio gana plataforma porque nosotres se la damos al reproducir sus mensajes para quejarnos.

Escucha nuestro episodio del Podcast donde abordamos este tema:

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