Nota: “Estupidez natural” es el nombre de esta columna de opinión que hoy empieza (por eso el número 1), en la que de vez en vez escribiré sobre temas que me interesan o sobre los que quiera expresar una postura. No prometo periodicidad exacta ni necesariamente cercana, escribiré cada que lo sienta necesario y espero, por el bien de mi corazón, no escribir de más. Lo que sí prometo es que cada una de estas palabras las escribí yo. Aclarado esto, ahora sí:
Desde hace tres años me reconozco como una persona no binaria. Esto no es noticia para quienes me siguen en redes y seguramente para quienes leen esta columna, ya casi que no es noticia para nadie. Pero no puedo evitar esta extraña sensación de estar saliendo del clóset, otra vez, y cada vez que lo digo. Hace tres años, sigo, encontré esta respuesta a una pregunta que no me estaba haciendo, pero porque la había guardado. Después, frente a mis ojos, esta supuesta respuesta se transformó en más preguntas, como suele ser el camino de descubrirse a une misme (y quién ya se conozca por completo, que se regrese a la secundaria).
Desde entonces me sigo preguntando: ¿Será que sí soy una persona no binaria? ¿No será que me lo inventé porque me cayeron muy bien algunas personas NB que conocí? ¿Y entonces ya no soy gay, o cómo funciona esto? ¿Me quito la barba, me cambio el nombre, me pongo aretes?

Las respuestas suelen venir, por supuesto, de otras personas no binarias que me he topado en el camino. Similar a cuando te vuelves adulto y te das cuenta de que los adultos que veías tan resueltos y dueños de su vida también están improvisando, ha sido enriquecedor (y aterrador) ver que otras personas NB se hacen las mismas preguntas que yo, y luego se hacen otras y a veces me las contagian. Saber que no estoy sole, solo, como sea, es un buen augurio.
Este año, para celebrar esta incertidumbre que es el género, quise hacer algo especial para que otras personas NB se sintieran un poquito más representadas en la marcha del orgullo, y que el resto de la gente viera que también aquí estamos. Para no hacer muy larga la historia, me lancé a la tienda y compré 10 metros de tela de cada color de la bandera No Binaria: amarillo, blanco, morado y negro. Para hacerla una bandera fue clave la invaluable ayuda (y paciencia) de Iracebeth, una de las personas que organiza la Marcha del Orgullo de Cuauhtémoc, Chihuahua, que contactó a la costurera que dijo: sí, yo lo hago.

Confieso sin pena que el día que la estrenamos, el mero día del orgullo en Cuauhtémoc, solté una lágrima de esas de caricatura. Cómo pesaba la condenada, con el aire que hizo ese día. Gracias a la gente de la marcha que se animó a ayudar a cargarla.
Esa noche la bandera viajó conmigo a casa, y a la semana siguiente se hizo presente en mi ciudad, en la Marcha del Orgullo en la que colaboro. Fue bonito crear una parte de la respuesta a: ¿Cómo le hacemos para hacer más visible esta identidad en la ciudad?. Pero de nuevo, la respuesta se volvió pregunta: ¿Cómo se guarda una bandera de 10 metros para que no le pase nada?
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PD: Chinga tu padre, Grok.





