Piensa rápido: dime el nombre de los políticos más importantes e influyentes de México, sólo los primeros dos o tres que se te ocurran. ¿Ya? Como no soy Dora La Exploradora, no te escuché, pero estoy casi segure de que en tu lista están nombres como Andrés Manuel López Obrador o Felipe Calderón.
Incluso si te fuiste a tus clases de historia, mencionaste a Benito Juárez o a Lázaro Cárdenas. Pero muy probablemente tu primera opción no haya sido la presidenta actual, Claudia Sheinbaum, quien indiscutiblemente es la política más importante e influyente de hoy en nuestro país. Probablemente tu lista no tenga ni una mujer (O quizá sí, porque ya viste el título del texto y sabías que había truco, pero eso es trampa).
Esto tiene una explicación simple, o en realidad dos: la primera, la presencia predominantemente masculina en el ámbito político de nuestro país (y del mundo, tampoco somos tan especiales) es un hecho que condiciona en quiénes pensamos al hablar de políticos influyentes. Pero mi pregunta también usaba el masculino genérico en “los políticos” y se reforzaba con “los primeros dos o tres…” que en esa frase puede referirse tanto a “nombres” o a “políticos”. Y ahí viene la segunda explicación, el idioma español usa el masculino como marca de género “neutral”, pero como acabas de ver, parece que esa neutralidad no es tan neutral como nos dicen.
Un estudio de 2020 a cargo de Silvia Carolina Scotto y Diana Inés Perez, dos académicas argentinas, reveló que estas reglas gramaticales actúan como un filtro “entrometido” que condiciona cómo percibes lo que lees o escuchas, antes de que lo puedas reflexionar. La hipótesis de la relatividad lingüística en la que se basa esta idea explica que el lenguaje que usamos para comunicarnos condiciona también nuestra estructura de pensamiento: es decir que al usar el masculino como género “neutro” es mucho más probable que pienses en hombres que en mujeres (y ya no digamos en personas no binarias ¿verdad?).
El patio de mi casa es particular…
“¡Arriba Chihuahua! Y el que no lo crea, que vea el mapa” decía una campaña de turismo que escuché en mi infancia. Para quien no lo sepa, hola, soy David Adrián, y vivo en Chihuahua, el estado que el 8 de octubre de 2025 “prohibió” el lenguaje incluyente en las escuelas, con 17 votos a favor y 14 en contra.
Impulsada por el diputado panista Carlos Olson, esta reforma al artículo 8 de la Ley Estatal de Educación parece la cosa más inofensiva del mundo. Literalmente solo añade que las autoridades escolares tienen la atribución de “fomentar el uso correcto de las reglas gramaticales y ortográficas del idioma español”. Que me disculpen las personas del magisterio chihuahuense que estén leyendo esto, pero ¿Qué estaban haciendo antes entonces?
Por supuesto que esta ley venía con truco, y no había que irse mucho más lejos que la propia exposición de motivos del diputado Olson. Aunque siendo sinceros ni siquiera hacía falta eso, bastaba con una búsqueda rápida en internet para darse cuenta de las verdaderas intenciones del diputado, que desde 2023 que presentó la iniciativa la promovió en distintas entrevistas como una reforma necesaria para evitar el avance de la ideología woke. Palabras suyas.
Por esto no es de extrañar que apenas y se aprobó, Olson saliera a gritar en redes sociales (y en cada micrófono que le prestaron) como una victoria aplastante contra la “ideología de género y woke” y una “prohibición” del lenguaje incluyente en las escuelas. No tardaron los medios de comunicación en seguirle el juego, y esta bola de nieve creció y creció hasta volverse noticia nacional. Esta gráfica contiene los datos de interés de búsqueda en Google de términos como “Lenguaje Incluyente” o “Lenguaje Inclusivo” (agrupados bajo el tema “Lenguaje No sexista”), intenta adivinar cómo se comportó esa búsqueda en todo 2025 (pista: la reforma a la ley de Chihuahua se aprobó el 8 de octubre…)
¿Sorprendente? No. Como se observa en la gráfica, el término no tenía un interés significativo antes de este debate, fue el impulso de los medios de comunicación que sobreviven de clicks (y es un decir) el que ayudó a que este tema se volviera “EL TEMA”, por unos días. Pero como veremos a continuación, el lenguaje incluyente es mucho más que respetar los pronombres de las personas no binarias, quienes (a veces) usamos el género neutro y el pronombre elle en lugar del binarismo él/ella clásico del español.
Primero verás que viene la A…
Para entender por qué a la clase política conservadora le rechina tanto este tema, hay que hacer un poco de memoria. Antes de que el uso de la letra “e” y los pronombres neutros hicieran que a más de un Bro se le reventara una vena de indignación en la frente, el lenguaje incluyente empezó con una letra mucho más familiar: la “A”.
Fueron los movimientos feministas los que primero levantaron la mano para decir: “oigan, el masculino genérico nos está borrando”. Y la ciencia les dio la razón. Diversos estudios han demostrado con evidencia lo que las mujeres ya vivían en carne propia: cuando dices “los médicos”, “los músicos” o “los ciudadanos”, el cerebro humano imagina inevitablemente a un grupo de hombres. El genérico no tiene nada de universal.
Por eso la primera gran batalla del lenguaje incluyente fue la visibilización de las mujeres en el ámbito público. Y aquí es donde volvemos al ejemplo de la presidentA.
Desde meses antes de que Claudia Sheinbaum ganara las elecciones por el máximo cargo del país, se revivió un debate que parecía superado. De repente, una legión de “defensores del español” (muchos de ellOs sin haber abierto un diccionario desde la secundaria) salieron a decir que lo correcto era decirle “la presidente”, porque la terminación “-ente” viene del participio activo y se refiere al “ente que preside”, por lo que supuestamente no tiene género. Bueno, ellos no lo explicaban tan bonito.
Pero este argumento tan bien construido hace aguas en cuanto te fijas en lo selectivo del asunto, porque las mujeres sólo incomodan cuando ocupan los espacios tradicionalmente masculinos, y claro, la silla presidencial era hasta entonces uno de los mejores ejemplos del “Club de Toby” pero nadie se cuestionaba que se rompiera la regla en palabras como “sirvienta”

(PAUSA: ¿Qué es el Club de Toby? explicación para Gen Z: imagínense un servidor de Discord de puros bros donde el admin banea automáticamente a cualquier mujer que intente entrar; la referencia viene de “La Pequeña Lulú” donde los niños tenían una casita en el patio con un letrero de “No se admiten niñas”. Seguimos.)
Pero no les toques el poder porque de pronto la gramática se vuelve una fortaleza impenetrable que hay que defender a capa y espada. Decir “presidenta”, “abogada” o “jueza” no es un capricho progre (o woke, como les gusta decir ahora) es usar el lenguaje para reflejar una realidad que antes no existía. En el México de hace apenas setenta años, las mujeres ni siquiera podían votar, mucho menos gobernar. El lenguaje incluyente en esta primera etapa fue —y sigue siendo— una herramienta indispensable para decir: “aquí estamos, existimos y también ocupamos estos espacios”.
Le sigue la E, alzando los pies…
Si la letra “A” molesta, la letra “E” provoca verdaderos ataques de pánico en algunas personas puristas del lenguaje. Hablemos de nosotres, les no binaries. O más bien, hablemos de cómo nos han usado no sólo como escarnio, también como una forma de atacar toda la inclusión.
El discurso político conservador ha tomado a las personas no binarias y al uso de la “E” para fabricar un pánico moral a medida. Y es que el problema es que les funciona muy bien, antes de esta reforma en Chihuahua el último pico de búsquedas en Google del tema de Lenguaje Incluyente fue en agosto de 2021, cuando se hizo viral un fragmento de una clase virtual por el reclamo de una persona que pedía que se refirieran a elle con pronombres neutros, y que desató una ola de acoso en su contra, y un discurso burlón y simplista en redes sociales en contra del género neutro y las personas no binarias, que duró meses.
Ahora la estrategia pareciera ser usar este discurso ya armado, donde las personas no binarias somos señaladas como ridículas por exigir respeto, y usarlo como un golpe contra toda la agenda de igualdad de género e inclusión. No parece coincidencia que el discurso se enfoque en la educación y la infancia (¿Quiere alguien pensar en les niñes?), es el recurso más desgastado de los conservadores: asustar a la gente con sus criaturas. Y es que si nos damos una vuelta rápida al discurso en lugares como Twitter o Reddit (cosa que no recomiendo, advierto) encontramos que mucho del discurso parte de una suposición de que “ahora a los niños los van a obligar a decir les niñes y todes en la escuela”, y de ahí nos vamos como hilo de media…
Pero si vemos lo que realmente está pasando en las escuelas (spoiler: no mucho), y las guías de lenguaje incluyente de dependencias gubernamentales y otros organismos, nos encontraremos con que muchas ni siquiera tocan el género neutro y el uso de la -e, y las que lo hacen, por lo general recomiendan evitarlo.
Pero para quienes promueven este discurso purista del lenguaje, con motivos ideológicos conservadores, da igual si se trata de personas no binarias, o mujeres empoderadas, la raíz está en la intolerancia. “Fomentar el uso correcto de las reglas gramaticales y ortográficas del idioma español” suena mejor que “ignorar cualquier forma de diversidad que atente contra el patriarcado”, y además así ocultas que lo que quieres en realidad es un pretexto para discriminar, sin activar las leyes antidiscriminación. Vamos, un Dog whistle de manual.
Juguemos en el bosque, mientras el lobo no está…
Pero este tema es mucho más amplio, y tiene tantas aristas, que esto no podría ser otra cosa más que una muy larga introducción. Perdón, pero la desinformación no se combate con un artículo (pero varios tal vez ayuden).
Antes de irnos, y para que no vayas a la próxima cena familiar o debate tuitero sin armas, te dejamos esta herramienta hecha con NotebookLM: “Defensore del lenguaje incluyente”, un chatbot especializado en el tema, con fuentes lingüísticas y de derechos humanos.
Hagamos una (otra) pausa aquí. Yo sé que hablar de Inteligencia Artificial hoy en día genera (con justa razón) desconfianza. Las IAs alucinan, se inventan datos o te recomiendan ponerle pegamento a la pizza. Por eso es vital aclarar que esta herramienta está pensada como una ayuda, nunca como un sustituto de nuestro criterio (y además se irá actualizando según haga falta, si la usas y notas algo raro recibimos tus sugerencias a contacto@altavoz.lgbt).
Volviendo al chatbot: le construimos usando NotebookLM de Google, pero los datos en los que se basa los curamos nosotres: estudios psicolingüísticos empíricos, manuales oficiales de la SCJN y la CNDH, y sí, también le dimos de comer las transcripciones textuales del debate legislativo en Chihuahua y las entrevistas de la derecha para que conozca el manual de juego conservador. Si bien puede cometer errores, la idea es que estas restricciones hagan a la herramienta más confiable. Si te interesa, puedes conocer el prompt de sistema aquí.
¿Cómo se usa si nunca has tocado NotebookLM? Es ridículamente sencillo:
- Entra al enlace que te dejamos aquí abajo.
- Verás una interfaz con una barra de chat en la parte inferior, aquí es donde preguntas.
- Pégale ese tuit de odio que te topaste, la frase de tu tío en la cena (“ahora van a querer que usemos la -e para todo” y cosas por el estilo), o el argumento de un político en la tele.
- El bot diagnosticará la trampa discursiva (te dirá si es pánico moral, falacia de autoridad, etc.), cruzará la información con la evidencia documental, y te dará una frase contundente lista para copiar, pegar y desarmar la falacia.
Un par de cosas más: del lado izquierdo de la pantalla podrás consultar todas las fuentes originales en las que se basa la herramienta (no me creas a mí, ve los documentos mejor…). Y si eres más de formatos multimedia, date una vuelta por la pestaña de Studio (o en el panel derecho), donde dejamos algunos materiales extra generados con la misma herramienta, como explicaciones del tema en audio y análisis rápidos sobre el caso Chihuahua y el lenguaje en general en video e imágenes. Puedes consultarla aquí:
Pruébala, hazle las preguntas más incómodas que te hayan aventado en la cara sobre el tema, ponlo a prueba tratando de romper sus argumentos, y cuéntanos qué te pareció.
En las próximas semanas tendremos otros contenidos que ayuden a explicar no sólo lo que pasó realmente en Chihuahua (viendo a detalle el debate legislativo), sino la estrategia general que aplicaron, para reconocer cuando traten de replicarlo en otros estados (porque creeme, lo harán). Veremos a fondo qué se dicta realmente en los cursos de Lenguaje Incluyente y sus guías institucionales, hablaremos con integrantes del profesorado de educación básica en Chihuahua para ver cómo ha cambiado (o no) su trabajo desde esta ley, y analizaremos desde la lingüística qué es realmente el lenguaje incluyente y cómo califica dentro de la escala de “inclusión forzada”.





